Integración entre vivir, pensar y ser en la vida intelectual

Integración entre vivir, pensar y ser en la vida intelectual

Conocí el libro del filósofo español Jaime Nubiola (2006)«El Taller de la Filosofía: una introducción a la escritura filosófica» por recomendación de la profesora Marta Torregrosa de la Universidad de Navarra. Su propuesta consistía en reflexionar sobre el libro, considerando la investigación y el pensamiento como actividades inherentes a la vida académica. La enseñanza de Nubiola que considero más relevante es la búsqueda de la integración entre vivir, pensar y ser. A continuación describo reflexiones personales sobre los retos y virtudes tratados por la autora que me ayudaron a comprender mejor mi experiencia.

En primer lugar, tu libro nos permite apreciar las enseñanzas de alguien que conoce bien el oficio de filosofar, por la forma en que propones integrar el vivir, el pensar y el ser. Me alegro cuando encontramos a alguien generoso a la hora de compartir lo que sabe. A lo largo de su libro, Nubiola comparte importantes lecciones de vida en medio de recomendaciones más prácticas. Independientemente del momento académico en que te encuentres, aprenderás grandes lecciones de él.

Su lectura nos invita a reorganizar nuestras ideas, reevaluar nuestro rumbo y comprobar si vamos por el buen camino. En otras palabras, es un libro que puede leerse varias veces.

Leer y escribir

En este camino de definir mi papel, evaluándome como estudiante, investigadora y docente, puedo decir que tengo claras mis afinidades, gustos y habilidades. Y escribir para mí se ha convertido en algo que disfruto mucho y para lo que he conseguido desarrollar algunas habilidades. Sin embargo, la escritura es un universo amplio en cuanto a formas, públicos y lenguajes. Hoy, mi percepción es que he alcanzado una condición estable, con ciertas capacidades, sin haber definido cómo puedo evolucionar. Parte de esta situación se explica por el reto de la escritura y la publicación académicas, en las que escribimos en otras lenguas, como el inglés y el español, ya que en mi caso mi lengua materna es el portugués.

Un aspecto también relacionado con el acelerado proceso de publicación, que nos exige seguir publicando, fue la toma de conciencia que tuve sobre mi propia forma de leer. Mi impresión es que cuando leo algo, lo leo «para escribir algo», pensando en un futuro artículo. En otras palabras, la lectura se ha convertido en algo performativo, en un medio para conseguir un fin. Y parece que esta mentalidad es muy difícil de romper. Me doy cuenta de que a veces leo una revista o una novela y, antes de darme cuenta, estoy planeando cómo «x» idea del texto podría conducir a «y» artículo. Por eso me gustaría recuperar la libertad de disfrutar de la lectura, de descubrir una historia, una lección revelada allí.

La virtud del orden

Sin duda, el libro de Nubiola nos ofrece valiosos consejos sobre la escritura y la vida intelectual. Una de las partes más importantes es cómo presenta las virtudes que necesitamos para lograr la unidad en la vida, la unidad entre lo que pensamos, vivimos y somos. Y esto es en sí mismo una gran enseñanza ética, válida no sólo para quienes se dedican a la búsqueda de la verdad. Viendo lo que dice, me doy cuenta de que una virtud que aún me queda mucho por desarrollar es la virtud del orden. Tal disposición da orden a lo que hacemos y a cómo actuamos. Cuando miro mis objetivos académicos y profesionales, me doy cuenta de que no siempre he intentado alcanzarlos de forma ordenada, a veces caótica. Las tareas diarias podrían haber estado mejor planificadas, con horarios fijos y una distribución adecuada entre las tareas académicas y las personales. Sin embargo, no siempre conseguimos lo que nos proponemos, ¡lo cual tiene su gracia (y su aprendizaje)!

Puedo decirte que equilibrar la vida personal y profesional es todo un reto. Y esto es más difícil cuando realmente disfrutas con lo que haces. Hasta mediados de 2020, la experiencia de ser madre, esposa, doctoranda y profesora me demostró que conciliarlo todo tiene un alto coste en el futuro, porque vivimos de forma irreflexiva, «en modo automático». Aunque consigamos meterlo todo en la agenda, los momentos importantes de la vida social y familiar se pierden y a veces no podemos recuperarlos. Quien cultive la virtud del orden podrá responder con seguridad a las exigencias de la vida, basándose en su verdad, sabiendo decir «no» cuando sea necesario.

Humildad

Otro valioso consejo de Nubiola es que te liberes de las opiniones de los demás. Parece sencillo, pero hace falta madurez para lograr esta independencia, y confieso que aún me queda mucho por aprender. Con esto me refiero a centrarte más en lo que pensarán los demás a la hora de tomar decisiones, que en tus propias opiniones y valores. Una raíz más profunda de esto puede ser cierto egoísmo al querer ser siempre aceptado, o inseguridad al querer recibir el acuerdo de los demás, corriendo el riesgo de ir en contra de las propias convicciones y perder la verdad sobre uno mismo. Al final, lo que necesitamos es humildad y autoconocimiento. También necesitamos aceptar que somos falibles, que nuestras ideas no siempre serán aceptadas y que no siempre tenemos razón. La vida intelectual se hace entre todos, como comenta Nubiola, y afortunadamente esto se hace más evidente cada día y me ayuda a crecer.

Unidad de vida

Un último punto no menos importante: «Al regalar tus conocimientos enseñas a vivir, porque regalas la verdad de tu vida». En esta frase Nubiola resume gran parte de lo que contiene su libro. De ella entiendo que el conocimiento más verdadero y auténtico de alguien es el que consolida la unidad de su vida, es decir, el que refleja quién es, piensa y vive, y no sólo lo que sabe. Cuando la verdad de tu vida coincide con la vida que quieres vivir y con lo que piensas, entonces a partir de ahí podemos aportar un conocimiento verdadero y coherente con nuestro ser. No es un tipo de conocimiento académico o segmentado. Es un conocimiento amoroso que puede ofrecerse generosamente a los demás. Hasta que encontremos esta unidad, que sigamos creciendo al ritmo adecuado, de forma ordenada y beneficiosa para quienes comparten nuestro camino.

Referencias

Nubiola, J. (2006). El taller de filosofía: una introducción a la escritura filosófica. (5ª ed.). Pamplona: EUNSA.

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